MERRY DEL VAL VEJADO
Viaje desde España a Roma de la familia Merry del Val
Con motivo del 150 aniversario del nacimiento del Cardenal Merry del
Val, viajamos a Roma 160 personas de la familia. Este viaje, organizado por
Domingo Merry del Val, fue excepcional. Hubo de todo: jornadas sobre el
Cardenal, audiencia Pontificia, visitas culturales, recepción en la Embajada de
la Santa Sede, misa solemne en la Catedral de San Pedro, cenas conjuntas,
visita a la Pía Asociación del Sagrado Corazón de Jesús. Fue un viaje
entrañable en el que tuvimos oportunidad de conocer mejor a los miembros
de esta gran familia.
Y esta es la historia de nuestro
querido tío Rafael:
Nació en Londres el 10 de octubre de 1865. Tras cursar sus estudios
secundarios en Bruselas, ingresó en la Universidad de Ushaw (UK), en donde se
despertaría su vocación sacerdotal. Era un joven buen deportista,
apasionado por el tenis, el ajedrez, la equitación, el esgrima.
Un día, su padre, el marqués Merry del Val, diplomático de carrera, para probar
la firmeza de los propósitos de su hijo de ser sacerdote, le dijo: ¿Cómo podrás
ser sacerdote, Rafael, tú que eres tan amante de los deportes, de los juegos y
de la equitación? ¡Por Dios se puede y se debe sacrificarlo todo!, fue su
respuesta firme y decidida.
La gran inteligencia de la que estaba dotado y el dominio de idiomas que poseía
le abrieron pronto las puertas de las más altas distinciones académicas.
En 1886 se doctoró en Filosofía, y cuatro años más tarde, en Teología. En 1891,
obtuvo La licenciatura en Derecho Canónico. Distinguido por el afecto y la
admiración de León XIII, éste le encomendó, aun antes de ordenarse, difíciles
misiones, de las que el noble eclesiástico salió airoso.
El 30 de diciembre 1888 recibió la ordenación sacerdotal. Secretario de
diversas delegaciones pontificias ante las cortes europeas, fue nombrado en
1897 Delegado Apostólico Extraordinario en Canadá.
El éxito alcanzado en la breve, pero difícil, tarea en dicho país y el gran
predicamento de que gozaba en los ambientes romanos, junto con la creciente
simpatía del Pontífice, explican que, en 1900, fuera designado Presidente de la
Academia de Nobles Eclesiásticos.
El 20 de julio 1903 murió León XIII.
El Sacro Colegio Cardenalicio eligió a Merry del Val para ser secretario
del cónclave del que saldría el sucesor del Papa difunto.
El 4 de agosto 1903 el Patriarca de Venecia, cardenal Sarto, fue elegido Papa,
tomando el nombre de Pío X. El nuevo Pontífice confirmó en sus cargos a todos
los prelados de la Curia. La única excepción fue la de la Secretaría de Estado.
Para este puesto de honor y de confianza, además de una gran responsabilidad,
encontró un colaborador infatigable, complemento providencial de su
personalidad, Monseñor Merry del Val, hombre culto, tan piadoso como sagaz
diplomático. Desde el primer instante, Merry del Val había provocado un
sentimiento de confianza y atracción en Pío X, quien, pese a sus reiteradas
súplicas, en contrario, le designó su Secretario de Estado.
Y el 9 de noviembre de 1903 le concedió la púrpura cardenalicia a la edad de 38
años. Merry del Val supo hacer compatible su trabajo en la Curia con un
intenso apostolado social en los suburbios romanos, especialmente en el barrio
del Trastévere. Fundó la Pía Asociación del Sagrado Corazón de Jesús para los
jóvenes de aquellas zonas de la Urbe.
Tras la muerte de Pío X, y el cese de la Secretaría de
Estado, intensificó el apostolado social, de tal forma que esta labor,
junto con la secretaría del Santo Oficio, cargo para el que fue nombrado por
Benedicto XV, y la redacción de sus testimoniales para el proceso de beatificación del Papa Sarto, absorbieron los principales afanes de la última etapa de su
existencia.
El Cardenal Merry del Val compuso varias oraciones, entre otras:
Letanías de la humildad, Oración para pedir la conversión de un alma,
El Ángelus de Getsemaní.
Rafael Merry del Val, cuando nada lo
hacía presagiar, murió en Roma el 26 febrero de 1930, a consecuencia de una
intervención quirúrgica.(no llega a ser operado;muere al aplicarle el éter)
En la actualidad se halla abierto su
proceso de beatificación, habiéndose ya declarado la heroicidad de las virtudes
cristianas del Siervo de Dios. (Ma.González-Valerio y de Alós.)
En 1906 escribía el cardenal: No me sorprendería nada que, más pronto o más
tarde, el Santo Padre deba denunciar las modernas herejías, que están haciendo
un daño incalculable, destruyendo la fe a derecha e izquierda... Yo veo el
juego... Intentan hacer ver que muchas de sus opiniones pueden clasificarse
como la doctrina de Newman, y así se colocan tras este gran nombre para eludir
la censura.
Las modernas herejías que denuncia aparecían como moderadas, y sus argumentos
especiosos convencían a muchos y lograban condescendencias y hasta
complacencias. Merry, con Pío X, desenmascara los peligrosos sofismas que
tratan de presentarse como modernas conquistas de la cultura.
Así pues --respondiendo ya directamente a su pregunta-- es un personaje de
plena vigencia para la Iglesia de hoy, cuando ciertos sectores progresistas,
creyendo haberse liberado de muchos lastres multiseculares de la tradición
católica --que estaría plagada de ignorancias, errores y falsificaciones--, y
apartándose ostensiblemente del infalible Magisterio del Romano Pontífice,
están convencidos de que han llegado a descubrir el verdadero cristianismo.
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Hoy, cuando se nos quiere imponer una Europa sin Dios, despojada de sus
raíces cristianas, en que el materialismo de rostro capitalista y el
liberalismo agnóstico acaban negando la Ley natural y conducen a increíbles
aberraciones morales bajo capa de modernidad; hoy cuando la Iglesia es
ninguneada, si no ridiculizada o abiertamente perseguida como la oscura
representante de posiciones atávicas, ya superadas.
El venerable cardenal, a los 75 años de su muerte, nos repite que la Iglesia
católica, contra la que no prevalecerán las puertas del infierno, es aun hoy
portadora de la radiante luz de Jesucristo, Salvador del mundo.
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Un deseo contrariado
El 31 de diciembre de 1891, León XIII lo llama al
Vaticano en calidad de «Camarero Secreto Participante», un puesto que le
convierte en uno de los colaboradores más próximos al Papa. El joven sacerdote
toma conciencia entonces de que no podrá realizar su deseo de consagrarse al
ministerio de las almas. Así pues, confía su turbación al Sumo Pontífice,
revelándole sus aspiraciones más íntimas y suplicándole que le permita seguir
su vocación de simple sacerdote. El Papa le responde: «Dígame, Monseñor, si está
dispuesto a obedecer al Papa y a servir a la Iglesia. – Sí, si Su Santidad lo
ordena, responde emocionado. – Muy bien, concluye el Santo Padre». Monseñor
Merry del Val se somete, y, sin mirar atrás, avanza por el camino que le traza
la Providencia. Más tarde anotará: «Cuando Dios nos llama para cumplir alguna
cosa por Él, nos da una prueba de confianza; debemos responder fielmente sin
traicionar la confianza de Jesús« Hay que aceptar, al instante y con entera
sumisión, las disposiciones de la Providencia, viendo en todo la voluntad de
Dios. Él sabe mejor que nosotros lo que nos conviene, y cambiará por una gracia
aún mayor aquello de lo que parecíamos ser privados». También dará el siguiente
consejo: «Carece de toda importancia que una cosa os guste o que no os guste.
Lo que importa es conocer la voluntad de Dios y decidir según ella« Dejaos
llevar, al día, por Dios, con entera confianza en su misericordia y en su amor
por vosotros«».
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PIO X Durante once años, Pío X se entrega sin descanso a
importantes reformas: música sacra, breviario y calendario romano, codificación
del derecho canónico y formación catequética. A ello hay que añadir las
dificultades políticas: en Italia, al haber sido injustamente expoliados los Estados
Pontificios en 1870, el Papa se encuentra prisionero, en cierto modo, en el
Vaticano; en Francia, el gobierno se dispone a romper las relaciones
diplomáticas, a expulsar a las órdenes religiosas y a confiscar los bienes de
la Iglesia; en España y Portugal, los gobiernos liberales combaten a la Iglesia
y al Papa. La masonería no desperdicia ocasión alguna de mancillar a la
Iglesia. La situación de ésta es tal que un librepensador de la época llegó a
escribir: «Ninguna fuerza podrá remontar la corriente; el catolicismo ha sido
definitivamente vencido, la fe está del todo muerta, y el libre pensamiento
triunfante se extiende como mancha de aceite por toda Europa».
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PIO X- Europa».
Quedarse en la Iglesia para cambiar la fe
Existe todavía una preocupación mayor para el nuevo
pontificado: la tormenta hace estragos en el propio seno de la Iglesia. Se
trata de una corriente de pensamiento que apareció a finales del siglo XIX: un
grupo de intelectuales, bajo la apariencia de adaptarse a la mentalidad moderna
(de ahí el nombre de «modernistas»), pretenden renovar la Iglesia cambiando
radicalmente su enseñanza dogmática y moral. Decididos a permanecer en el
interior de la Iglesia para transformarla con mayor eficacia, tienen la
habilidad de conservar el vocabulario católico, al que confieren un nuevo
significado, conforme a sus propias ideas. Pío X, tras varias llamadas de
atención caritativas a los descarriados, y ante su obstinación, publica el 3 de
julio de 1907 el decreto Lamentabili, que enumera los errores
modernistas; dos meses después, la encíclica Pascendi expone
magistralmente las razones por las cuales ese sistema es contrario a la sana
filosofía y a la fe católica.
El sistema modernista sostiene que la razón humana se halla encerrada en el ámbito de las apariencias y que no puede elevarse hasta Dios mediante las criaturas. La Iglesia enseña lo contrario, en plena coherencia con la experiencia de todos los tiempos: «A partir de la Creación, esto es, del mundo y de la persona humana, el hombre, con la sola razón, puede con certeza conocer a Dios como origen y fin del universo y como sumo bien, verdad y belleza infinita» (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 3). Los principios del modernismo conducen a negar la existencia de una verdad objetiva y, en consecuencia, la certeza e incluso la posibilidad de una revelación divina. La religión queda reducida a unos símbolos. El mismo Dios ni siquiera es el Creador trascendente (es decir, preexistente al universo y superándolo), sino solamente una fuerza inmanente, «el alma universal del mundo», lo que conduce directamente al panteísmo (identificación del mundo con Dios); Jesucristo sólo es un hombre extraordinario transfigurado por la fe. De ahí la distinción moderna entre el «Cristo de la historia», que no es más que un hombre muerto en una cruz en Palestina, y el «Cristo de la fe», que los discípulos imaginan «resucitado» y al que «divinizan» en su corazón. Este conjunto de errores mueve a Pío X a definir así el modernismo: «La síntesis y la confluencia de todas las herejías que intentan destruir los cimientos de la fe y hacer desaparecer el cristianismo». Las medidas adoptadas por el Santo Padre y sus colaboradores consiguen que, en pocos años, ese mal esté en declive, después de haber entrado «casi en las propias entrañas y venas de la Iglesia».
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La dictadura del relativismo
Al aproximarnos al centenario de la encíclica Pascendi,
debemos constatar no obstante que la hidra modernista ha levantado la cabeza.
Ya en 1965, la crisis de la fe era tal que el cardenal Charles Journet llegaba
a escribir lo siguiente en una carta a un religioso: «Lo que me dice sobre el
gran desconcierto de las mentalidades, no lo ignoro, y lo sufro en el fondo de
mi corazón« ¡Dios quiera que este sufrimiento reciba una bendición! No se puede
cuestionar, sin traicionar la Revelación, los dogmas del Credo,
sustituir a Jesús-Dios por el «Dios de Jesús», interpretar las definiciones del
Concilio de Trento sobre la doctrina católica despojándolas de su significado
realista. Todo el significado de la Revelación bíblica es realista« La crisis
actual es ciertamente más grave que la del modernismo. Algún día, los creyentes
se rebelarán y tomarán conciencia de haber sido intoxicados por el espíritu del
mundo». En el año 2005, la víspera de su elección al Sumo Pontificado, el
cardenal Ratzinger declaraba: «Cuántas doctrinas hemos conocido en el
transcurso de estas últimas décadas, cuántas corrientes ideológicas, cuántos
modos de pensar« La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido
no raramente agitada por esas olas –botada de un extremo al otro: del marxismo
al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo
radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al
sincretismo y así sucesivamente. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza
cuanto dice San Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que
tiende a arrastrarlos hacia el error (cf. Ef 4, 14). Tener una fe clara, según
el Credo de la Iglesia, viene constantemente etiquetado como fundamentalismo.
Mientras el relativismo, es decir el dejarse llevar «de aquí hacia allá por
cualquier tipo de doctrina», aparece como la única actitud a la altura de los
tiempos modernos. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no
reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y
sus deseos» (Homilía del 18 de abril de 2005). Semejantes males nos incitan a
dirigir nuestra mirada hacia los remedios adoptados por San Pío X para conjurar
el modernismo: el estudio de la sana filosofía, el retorno a la Tradición, en
particular a la doctrina de Santo Tomás de Aquino, y la sumisión al Magisterio
de la Iglesia.
En ese combate contra los poderes del infierno, el
cardenal Merry del Val permanece junto a San Pío X, compartiendo la carga y
soportando con valentía los ataques, en ocasiones virulentos. En una de sus
misivas, escribe: «No actuemos nunca para complacer al mundo. Tengamos la
valentía de soportar las críticas, las desaprobaciones del mundo; no tengamos
ningún respeto humano; si Dios está contento, qué importa el resto« Debemos
tener la valentía de afirmar la Verdad, y de no retroceder nunca ante el deber.
Debemos tener la valentía de enfrentarnos al ridículo, porque el deber es, a
menudo, burla del mundo. Actuad así por amor a Nuestro Señor y para ser
semejante a Él». Y en otra carta: «Soportad en paz, y con resignación, las
penas y las ansiedades de cada día. Recordad que no se puede ser discípulo de
Jesús si no se toma parte en la Pasión de Jesús».
El 20 de agosto de 1914, Pío X se duerme en el
Señor, con el corazón destrozado por el desencadenamiento de la primera guerra
mundial. El cardenal Merry del Val relató su última entrevista con él: «Penetré
en la habitación. Inmediatamente, se giró hacia mí, siguiéndome con su
penetrante mirada« Me tomó la mano y la apretó con tanta fuerza que quedé
estupefacto. Me miró tan intensamente que sus ojos penetraban los míos« Me
retuvo cerca de él, a veces soltándome la mano y otras retomándola. Finalmente,
cansado, dejó caer la cabeza sobre las almohadas, con los párpados cerrados«».
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La mayor enseñanza de Nuestro Señor
Después de la muerte de Pío X, el cardenal Merry
del Val ejerce la función de arcipreste de la basílica de San Pedro, además de
colaborar con las congregaciones romanas; su sabiduría y experiencia merecen el
siguiente comentario: «Es un maestro nato». Ejerce su profunda caridad fraterna
por su acción, sobre todo a favor de la conversión de los anglicanos, y asegura
la dirección espiritual de numerosas almas. Insiste en la confianza ilimitada y
filial que debemos tener en Dios, y recomienda que nos mantengamos en paz allí
donde Dios nos ha situado para cumplir su voluntad. Comparándola con su cargo
anterior de secretario de estado, su nueva situación lo deja en la sombra, lo
que no le resulta desagradable. De ese modo, encuentra la ocasión de conceder
más tiempo a la oración y al estudio silencioso, poniendo en práctica su ideal:
«Encontrar a Dios en la prosa santificante del deber cotidiano. Silencio y
recogimiento. Oración y actividad. Sacrificio y amor». El cardenal Merry del
Val es, en efecto, un hombre de oración.
Todos los días, después de la Misa, recita lo que
él llama las «Letanías de la humildad», compuestas por él pero desconocidas
hasta su muerte. Nos revelan un alma que ama intensamente a Nuestro Señor y que
ha contemplado asiduamente las renuncias de su Pasión. Ávido de humildad, y no
habiendo buscado nunca honores, el siervo de Dios desea desaparecer a los ojos
del mundo. Escribe lo siguiente: «Considerad que la humildad es la base de la
Sagrada Familia. En la humildad de las relaciones familiares, podréis llegar a
conseguir la paz. Nuestro Señor pasó treinta años de su vida enseñando la
humildad de las virtudes domésticas, para hacer comprender su importancia y
merecer la gracia de imitarlo. La primera, la mayor enseñanza de Nuestro Señor
es la humildad: la humildad de espíritu, de voluntad, de corazón. Debemos
esforzarnos en imitar la humildad del Corazón de Jesús, su unión con el Padre,
su abandono, su docilidad a la voluntad del Padre. Como Él, abandonaos a la
voluntad de Dios, en las pequeñas cosas y en las importantes, en las penas de
cada día, en las contrariedades y las dificultades de la vida. Aceptad de manos
de Nuestro Señor las penas por amor a Él, y considerad, en los consuelos que os
concede, las pruebas de su misericordiosa ternura».
A los 64 años, el cardenal Merry del Val se encuentra
todavía en pleno vigor. Pero el 24 de febrero de 1930 por la noche, siente una
ligera indisposición. Al día siguiente, sufre un ataque de apendicitis cuya
gravedad nadie sospecha. Durante la tarde del 26 de febrero, se duerme en la
muerte. Había escrito: «Morir significa cerrar los ojos y dormirse para
despertar en lo alto, en el Cielo« En el momento de la muerte, lo que se
necesita es tranquilidad, pensando que se pasa de esta vida a la otra, como por
una puerta que se abre para conducir a Dios». En su testamento se lee: «Acepto
amorosamente la muerte, cuando y como Dios quiera, en expiación de mis pecados
y adorando sus decretos».
El cardenal Merry del Val no solamente nos ha dejado el ejemplo luminoso de una vida ofrecida por entero al servicio de la Iglesia, sino también preciosas recomendaciones, de entre las cuales destacamos ésta: «Nuestra Patria no es de este mundo; después de pasar algunos años aquí, debemos abandonar esta tierra para seguir a Nuestro Señor, si hemos permanecido fieles a Él. Qué error, qué locura ligarse a las cosas de aquí, fuera de la voluntad de Dios, hasta ofenderlo, transformando de ese modo en obstáculo aquello que ha puesto a nuestra disposición para conseguir la Vida eterna».(Dom Antoine Marie osb)
COMENTARIOS: Delia Cabrera
Este Domingo que lleva el nombre de otro antepasado Dominguito del Val, organiza esta imperdonable excursión al Vaticano. Nada menos que para mendigar o entregar, la santidad de su antepasado a la mafia hereje instalada en el Vaticano desde el año 1958. No podrán decir que no lo sabían, ¡pero la vanidad, el orgullo, la ambición enturbian al criterio. Mencionan las Letanías de Rafeal Merry del Val, no las practican ni las han leído; todo lo que enseña el falso papa Francisco está en completa discordancia con lo anhelado por el Cardenal del Val “…del deseo de ser honrado, alabado, preferido…líbrame Señor”; “…que los otros puedan ser alabados y yo olvidado”; ”que los otros puedan ser más santos que yo, con tal que yo sea todo lo santo que pueda, Jesús dame la gracia de desearlo” Hay todavía un obstáculo mayor, el gran anhelo del Cardenal Rafael; “Da mihi animas, caetera tolle” , o sea “Dame almas, quítame todo lo demás: la aspiración de toda mi vida” Tal como figuran labradas en su tumba. ¿Cómo Francisco va aceptar su santificación si está en contra total de sus enseñanzas; lo ha dicho en varias oportunidades: en una reunión con el rabino Skorka, éste comentó que habían hablado con Francisco sobre la evangelización y “…me afirmó enfáticamente que la Iglesia Católica no puede participar en el proselitismo” (Proselitismo es tratar de convertir al otro).El “papa” afirma irrespetuosamente “…. Que los católicos no deben buscar a traer a la fe católica al prójimo” Insiste: “¿Voy a convencer a otro que sea católico? ¡NO, NO ,NO! Va y encuentrálo que es tu hermano. ¡Esto es suficiente!. ¡Ve y ayúdalo y Jesús hará el resto! “ El Card Merry del Val soñaba con un apostolado ferviente para la conversión de las almas, ¡NUNCA PODRÍA HABER SINTONIZADO CON EL HEREJE ARGENTINO. JAMÁS! Esas “papa”rruchadas que vertió a la familia! ¡Que había sido sorprendido al ser nombrado Secretario de Estado! No es así, poseía una preparación múltiple desde su infancia. Le costó aceptar el cambio de dirección a sus anhelos en su carrera eclesiástica. Así es que aprovechaba sus instantes libres para el apostolado en el suburbio de Roma, conversaciones con los chicos del Trastévere, ratos confesando. La oración que escribió a la Virgen aumenta la distancia con Francisco: “..intercede por nuestros hermanos disidentes, para que unidos a nosotros seamos recogidos en el único rebaño verdadero junto al Ser Supremo” ¡FUE PARA ÉL IDEA INCESANTE ¡CONVERTIR! ¡(Merry del Val ya se antricipa y pide por el DISIDENTE FRANCISCO!!!)
Preguntaría a alguno de los familiares mayores ¿a qué altares quieren ver elevado al Cardenal Merry del Val? En España también han sido reemplazados por mesas paganas, protestantizada la misa. ¿En estas iglesias que algunas ya están convertidas en Night club? ¿Y quieren que lo santifiquen a la nueva manera? ¿Con festejos carnavalescos? Santo de un día al otro,¿ en serie? NO, ANTES HAY QUE SOMETERSE AL ABOGADO DEL DIABLO SEGÚN EL CÓDIGO DE LA VERDADERA IGLESIA. Para San Pío X hubo que rezar durante casi 50 años para verlo reinando en los altares. PERJUROS, FALSOS, BESÁNDOLE LAS MANOS A ÉSTE ENGENDRO DEL INFIERNO. Y ENGAÑANDO A ESOS NIÑOS QUE LOS ACOMPAÑARON.
Lamentables balbuceos de Francisco. Seguramente al demonio que lleva adentro no le cuadra que hable de un verdadero Santo. Me extraña la ALTA TRAICIÓN de los familiares de Monseñor Merry del Val, que acuden a este nefasto individuo, que NO ES papa, a pedirle que introduzca la causa de beatificación de su evidentemente santo pariente.
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TRASTEVERE HISTORIA
Un poco de historia: Todo en Trastevere nos recuerda el pasado y el presente. Un pasado que empieza desde lejos. Precisamente en el siglo VIII a.C. cuando toda esta parte, situada, como decían los romanos, "más allá del río Tíber" (de aquí el nombre latino 'TransTiberim' y el consecuente Trastevere) era propriedad de los Etruscos.
A partir de la época imperial, es decir a partir
del reino de Augusto (63 a.C.-14 d.C.), fue el barrio más poblado de Roma sobre
todo porque era el lugar donde vivían, entre todos, las comunidades
extranjeras, en particular familias de orígenes orientales como sirios y
judíos, que trabajaban en el cercano puerto llamado 'Emporium' desarrollando
actividades de tipo comerciales y mercantiles.

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